El Arca del Pacto
El Arca del Pacto era el único mueble en el Lugar Santísimo del templo de Dios (Éxodo 25:10-22). Era un cofre de madera de acacia cubierto de oro. Sobre el cofre había dos ángeles de oro macizo. Entre estos ángeles se encontraba el propiciatorio (Éxodo 25:17-22), donde moraba la presencia sobrenatural de Dios. El Arca del Pacto simbolizaba el trono de Dios en el cielo, el cual también está ubicado entre dos ángeles (Salmo 80:1).
El libro de Hebreos nos dice que el Arca del Pacto contenía: las Tablas de los Diez Mandamientos que Dios le dio a Moisés, la vara de Aarón que floreció y una vasija de oro con maná. Leemos: «En la cual estaba un incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes; en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto» (Hebreos 9:4).
Los Diez Mandamientos
Los Diez Mandamientos fueron escritos por el dedo de Dios (Éxodo 31:18) y se encuentran en Éxodo 20:3-17. Esta ley refleja el carácter y la santidad de Dios (Salmo 19:7; Romanos 7:12). El pecado es la transgresión de la ley de Dios (1 Juan 3:4). Los Diez Mandamientos abarcan «el todo del hombre» (Eclesiastés 12:13), y el Señor declara: «Bienaventurado el que guarda la ley» (Proverbios 29:18).
La Vara de Aarón
El segundo objeto dentro del Arca era la vara de Aarón. La historia de la vara de Aarón representa la autoridad de Dios al seleccionar a Sus líderes en el santuario y en Su obra. En Números 16, se narra una rebelión liderada por la tribu de Coré contra Moisés y Aarón, cuestionando su autoridad. A pesar de las advertencias, los rebeldes fueron tragados por la tierra.
Sin embargo, muchos israelitas se quejaron de que estos hombres hubieran sido castigados. En Su misericordia y sabiduría, Dios demostró Su elección de Aarón y la tribu de Leví como sacerdotes mediante un milagro. Dios ordenó a Moisés que cada tribu trajera una vara para representarles, y la vara que floreciera sería la elegida por Dios.
Al día siguiente, «la vara de Aarón, de la casa de Leví, había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras» (Números 17:8). Esto fue un milagro, pues la vara de Aarón, que era un trozo de madera seca, no solo revivió, sino que tenía brotes, flores y almendras al mismo tiempo, algo imposible en un almendro natural.
Entonces, «Jehová dijo a Moisés: Vuelve a poner la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes, a fin de que cesen sus quejas contra mí y no mueran» (Números 17:10).
El Maná
El tercer objeto dentro del Arca era el maná. Este fue el alimento que Dios proveyó a los israelitas durante los 40 años que vagaron por el desierto (Éxodo 16:35). Se les permitía recogerlo solo para un día, excepto el viernes, cuando debían recoger el doble para el sábado (Éxodo 16:4-5).
«Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos, o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera, o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo. Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él» (Números 11:7-9).
El maná fue un milagro que demostró el amor y el cuidado de Dios hacia Su pueblo y que Él los sustentaría dondequiera que fueran. También era un recordatorio de su dependencia diaria de Dios.
El maná dentro del Arca era especial porque no se descomponía, a diferencia del maná recogido diariamente, que se echaba a perder si no se comía en el día (Éxodo 16:19-20). Esto servía como un recordatorio adicional del cuidado y la provisión milagrosa de Dios para Su pueblo. «Y Moisés dijo a Aarón: Toma un cántaro, y pon en él un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes» (Éxodo 16:33).
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