¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?

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El chisme

El chisme puede incluir la difusión de hechos o rumores personales. Nuestro Dios es un Dios de verdad. Las mentiras no pueden lastimarlo, pero pueden lastimar a Su pueblo. Las mentiras del diablo engañaron a la tercera parte de los ángeles celestiales. Y las mentiras hicieron que nuestro mundo feliz cayera en el pecado y llevaron a muchos a la muerte eterna (Apocalipsis 12:4, 7–9). Por eso, el Señor aborrece la mentira porque hace que la gente se extravíe y sea esclavizada por el destructor. Y también difama el honor y quebranta las amistades (Proverbios 11:9; 17:9; 18:8; 26:22).

El noveno mandamiento

El noveno mandamiento dice, “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). El chisme es una expansión del noveno mandamiento, que prohíbe la difamación y la calumnia. El Señor instruyó, “No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso” (Éxodo 23:1). La última mitad del versículo prohíbe unirse con otros para difundir informes calumniosos. El Señor también añade, “No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová” (Levítico 19:16).

El chisme es una de las cosas que Dios odia: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6:16-19). De hecho, Él dice, “Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré” (Salmos 101:5).

Guarda la lengua

Una lengua a la que se le permite decir muchas palabras y que chismea está en peligro de meter a su dueño en muchos problemas (Proverbios 21:23). La lengua es un miembro difícil de controlar y tiene grandes efectos tanto para el bien como para el mal (Santiago 3:1–10). La persona piadosa debe examinar cuidadosamente todo lo que sale de su boca y recordar que un día dará cuenta de sus palabras (Eclesiastés 5:1–3; Mateo 12:36; Santiago 3:2).

Pablo advirtió contra los holgazanes que van de casa en casa y murmuran (1 Timoteo 5:13). Y pidió a los creyentes que se deshicieran de toda habladuría y calumnia (2 Corintios 12:20). Muchas disputas se calmarían rápidamente si los chismosos no echaran leña al fuego (Proverbios 22:10; 26:20).

El chisme es señal de un corazón corrupto, “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34; Romanos 1:29). No debe tener lugar en la vida del cristiano. Por eso, el Señor manda, “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño” (Salmos 34:13). Los cristianos deben hablar solamente lo que sea “bueno para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).

El hábito de criticar a los miembros de la iglesia a menudo muestra interés propio y se convierte en una raíz para las divisiones de la iglesia. Por eso Santiago exhorta a los creyentes, “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez” (Santiago 4:11).

El chismoso que calumnia actúa como un necio (Proverbios 10:18). Y sus compañeros no se juntarán con él (Proverbios 20:19). El verdadero creyente ocultará hechos personales (Proverbios 11:13) porque el amor cubre multitud de pecados (1 Pedro 1:8). Por lo tanto, “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (Santiago 1:26). Gracias sean dadas a Dios, porque Él da a aquellos que buscan Su ayuda para vencer el poder de controlar sus lenguas (1 Corintios 15:57).

En Su servicio,
BibleAsk Team

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