El Leproso y su Sanidad
«Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, y le dijo: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio a ellos» (Marcos 1:40-44).
Existen diferentes ocasiones y razones por las que Jesús les prohibió a las personas divulgar los milagros que Él realizaba (Mateo 9:30; 12:16; Marcos 5:43; 7:36; 8:26). En el caso del leproso, Jesús le prohibió contar lo que había sucedido por las siguientes posibles razones:
A. Jesús le pidió al hombre con lepra que fuera “enseguida” (versículo 43) a presentarse ante los sacerdotes. Según la ley mosaica, los sacerdotes servían como inspectores de salud pública: diagnosticaban la lepra y ordenaban el aislamiento. También se encargaban de verificar si una persona ya no tenía lepra. El leproso debía ir rápidamente ante los sacerdotes para recibir su certificación de sanidad antes de que llegaran a ellos las noticias de que Jesús lo había sanado. Como los sacerdotes no favorecían a Jesús, si sabían que Él había hecho el milagro, podían negarse a declarar al hombre como limpio. Por lo tanto, Jesús quiso proteger al leproso de un juicio injusto o parcial.
B. Los leprosos eran considerados impuros y debían anunciar su presencia para que otros tuvieran tiempo de alejarse y evitar el contacto. Si otros leprosos se enteraban de este incidente, podrían haberse agolpado para acercarse a Jesús, tal vez sin interesarse en su misión espiritual, dificultando el acceso de otras personas al Maestro (Marcos 5:34; Juan 4:49, 50). Solo se necesitaba que un leproso gritara “¡Inmundo!” para dispersar a toda una multitud. Jesús quería asegurarse de tener un amplio alcance de influencia y no estar limitado solo a sanar la lepra. Su deseo era alcanzar y sanar a tantas personas como fuera posible (Mateo 11:28).
C. Jesús evitaba ser visto únicamente como un hacedor de milagros y deseaba que la gente se acercara a Él para escuchar la Palabra de Dios. Su objetivo principal era predicar la verdad y liberar a los cautivos del pecado. Su segundo objetivo era sanar sus cuerpos de toda enfermedad, en línea con su enseñanza: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33).
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